El amago de referéndum republicano saca la urna en el Barrio de Salamanca pese a las amenazas de veto del PP

Bajo el toldo de la caseta, mientras una pareja de la policía nacional pedía explicaciones a un compañero, Ana Sastre, de 27 años, llamaba a los viandantes a rellenar la papeleta e introducirla en la urna: se trataba de opinar si España debe seguir siendo una monarquía o decantarse por la república. Un acto simbólico y no vinculante, como habían repetido los organizadores, la Plataforma por la Consulta Popular Estatal Monarquía o República, vinculada a Podemos, IU, Anticapitalistas y otros partidos de la izquierda no institucional, además de algunas asociaciones de vecinos. Pasado el primer cuarto de hora habrían votado en este punto electoral, frente a la estación de Príncipe Pío, una decena de personas. “En este barrio hay poco movimiento”, constataba Sastre. Su compañero encendió entonces el altavoz, por el que empezó a sonar el himno de Riesgo, seguido de ‘Ay, Carmela’.

Siempre atento a los intentos por socavar los cimientos de la monarquía parlamentaria, el PP madrileño se había manifestado rotundamente en contra de la iniciativa, que Vox también rechazaba. El portavoz popular en la Asamblea de Madrid, Alfonso Serrano, avisó ya el jueves: «Donde gobierne el PP, este tipo de actuaciones no se van a producir”. Se equivocó Serrano. Los agentes de policía de Príncipe Pío se contentaron con las explicaciones de los convocantes, que habían cumplido los plazos de aviso administrativo, y se fueron. Por la caseta tampoco se acercaba mucha gente. “El rey robó, ¿no?”, indicaba uno, dicharachero, explicando su decisión, acompañado por otro que no acababa de entender el tema de votación. En la mesa se vendían mascarillas con motivos republicanos (el precio original, de 8 euros, había bajado a cinco) y se regalaban caramelos con el logo de Izquierda Unida.

Las 32 mesas de votación distribuidas por la ciudad no estaban repartidas de forma uniforme. En Villaverde había cinco, pero en Chamberí solo dos, por ejemplo. Una de ellas en Cuatro Caminos, donde veteranas militantes habían desplegado el tenderete con cierto recelo por lo que se pudiesen encontrar, visto que el distrito no es especialmente izquierdista. Los temores eran infundados. “En esta calle [Raimundo Fernández Villaverde] hay muchas casas de militares, pero no hemos notado ni agresividad ni provocaciones”, explicaba Cristina Escribano, portavoz oficiosa. En Chamberí había dudas sobre si la Junta de Distrito autorizaría la actividad, porque los conflictos con el concejal delegado, Javier Ramírez, son constantes, pero el permiso acabó llegando la víspera, por la tarde. En los primeros 40 minutos se depositaron 32 papeletas. El chat de WhatsApp de los voluntarios echaba humo: en Antón Martín se pedían refuerzos. “Quizás por las fiestas”, aventuraban en Cuatro Caminos.

La glorieta de Manuel Becerra, en el Barrio de Salamanca, podría considerarse territorio comanche para los republicanos, pero allí estaba instalada la caseta esta mañana, también sin incidentes. “Justo aquí se suelen poner los de Vox”, presumía uno de los presentes, que aventuraba ya un cálculo de resultados, con reconocimiento a la opción monárquica. “Hay que tener valor para venir y votar, pero yo creo que un 10% [sí votaron monarquía]. El análisis demoscópico venía de que los votantes marcaban la casilla en la papeleta sin sobre, en la propia mesa, y se veía todo. Se pedía a los que llegaban que indicasen su DNI y franja de edad, para las estadísticas. Desde la mesa electoral relataban el único suceso mínimamente conflictivo de la mañana, el de un hombre que se acercó, se identificó como abogado del Estado y advirtió de que sin pedir los DNI aquello no tendría ningún reconocimiento. La mujer que lo contaba emitió una pedorreta al recordarlo.

Una pareja de mediana edad, ella con vestido azul primaveral y bolsa de El Corte Inglés; él con mascarilla con el logotipo del Ayuntamiento de Boadilla del Monte, se acercaron también. Votaron República, en contra de los análisis superficiales sobre la relación entre atuendo e ideología. “Ojalá sirva de algo”, dijo ella. Tres ejemplares de tuno, especie en peligro de extinción pero que resiste en determinados hábitats capitalinos, emergieron de la boca de metro, pero pasaron de largo de la caseta. El resultado de la consulta estaba cantado, pero el plan era anunciarlo tras el recuento, pasadas las 20h.

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